La brecha entre lo que un alumno sueña y lo que cree posible, no siempre se logra solo con teoría; a veces, se cierra con una pieza de robótica de su propia creación y con alguien que le dice que el futuro está en sus manos.
Eso fue exactamente lo que ocurrió en la Escuela Secundaria Federal No. 6 en Ciudad Juarez, Chihuahua, donde la iniciativa de talleres STEAM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería, Arte y Matemáticas, por sus siglas en inglés) combinó una plática de motivación con sesiones prácticas de robótica. En una sola jornada, el nerviosismo se convirtió en orgullo, y varios estudiantes salieron pensando de manera diferente sobre lo que son capaces de lograr.
Antes del taller: la apatía que nadie menciona
Hablar de tecnología y futuro con jóvenes de nivel secundaria no siempre genera entusiasmo inmediato. Si nadie en su entorno ha estudiado ingeniería, la universidad parece una posibilidad remota, y la apatía es una respuesta a un contexto que hasta ese momento nadie les había mostrado.
La maestra Cinthia Herrera Martínez, docente de Matemáticas y Ciencias, lo observó con claridad desde el primer momento de la jornada:
“Al inicio se notaba cierto escepticismo y apatía, pero sus caras fueron cambiando conforme avanzaba el mensaje”.
Esa transformación de la duda al interés, del interés al entusiasmo, no ocurre sola; requiere un detonador: el momento en que un joven conecta lo que ve con lo que podría ser posible para él.
Plática STEAM

Antes de tocar una sola pieza de robótica, los estudiantes escucharon una plática de motivación con un mensaje directo: el lugar donde naciste, tu entorno o las barreras que enfrentas no determinan hasta dónde puedes llegar. Es un mensaje que suena simple, pero probablemente era la primera vez que muchos lo escuchan de manera explícita y creíble. El contenido de esta charla estuvo a cargo de las Ingenieras Azucena Zubia, Maria Aguirre, Adriana Morales, quienes forman parte de la familia Xerox-Lexmark México, y que vieron este proyecto como algo alcanzable e indispensable para todos los estudiantes tras recibir la solicitud de la propia subdirectora Ma. Guadalupe Meza Cháirez.
Lo que hizo que la plática funcionara no fue solo el contenido, sino lo que ocurrió después: la subdirectora, describió cómo el impacto se extendió más allá del auditorio:
“Este enfoque ha fortalecido significativamente el trayecto formativo de las y los estudiantes, al promover el pensamiento crítico y motivar a los alumnos a cumplir sus sueños, plantearse metas y superar las dificultades que se les presentan.”
Ya de regreso en el salón, surgieron las preguntas que durante la plática no todos se atrevieron a hacer en voz alta: sobre sus planes, sus sueños y si todo era realmente posible. Esa conversación posterior es, quizás, uno de los efectos más valiosos: la plática abrió un espacio que pocas veces se forma dentro del aula.
El taller de robótica: del nerviosismo al orgullo

Si la plática sembró la posibilidad, el taller la hizo tangible. Cuando los estudiantes pasaron a las mesas de robótica, la energía cambió: de la escucha pasiva a la acción, de recibir información a construir algo con sus propias manos.
La maestra Herrera Martínez describe este momento con precisión:
“Al inicio estaban ansiosos de empezar, querían manipular todas las piezas; luego empezaron a organizarse conforme armaban o programaban algo. El nerviosismo del inicio se transformó en orgullo de ver lo que fueron capaces de lograr”.
Como parte del proyecto, se realizaron dos talleres prácticos con los estudiantes, el primero con un kit de piezas para generar prototipos de robots con movimiento, y el segundo con recorridos de realidad aumentada e interacción con brazos robóticos y programación.
Uno de los momentos más reveladores fue cuando los estudiantes pidieron permiso para grabar en video lo que habían construido, no para entregarlo como tarea, sino para mostrárselo a sus familias en casa. Eso dice más que cualquier evaluación: querían compartir algo de lo que se sentían orgullosos.
Lo que un día puede hacer
La experiencia en la Secundaria Federal No. 6 no es un caso aislado ni un experimento: es evidencia de que la exposición temprana a la tecnología, combinada con un mensaje de posibilidad, tiene efectos concretos y medibles en la motivación y la perspectiva de los estudiantes.
No todas las transformaciones educativas requieren años de implementación y presupuestos millonarios, y este equipo lo ha demostrado, pues de la mano de voluntarios de empresas como Xerox-Lexmark México con su grupo Young Professionals, United Way Chihuahua, La Ruta de la Ciencia de la UTCJ y CONREDES, más escuelas y alumnos se beneficiarán de jornadas que inspiran y definen el futuro.


